martes, 28 de julio de 2009

Manuel Machado en francés


Lejos de nosotros la peregrina idea de presentar aquí a Manuel Machado, uno de los mayores poetas de la lengua. Nuestro propósito es mucho más modesto: introducir con unas breves palabras estos poemas franceses que son algo así como un puente privilegiado entre Francia y las Españas. Son obra del autor mismo. Versiones francesas de dos de sus mejores poemas, entre ellos el inolvidable Caballero de la mano al pecho; testimonio del largo amor que el poeta no dejó de sentir nunca por la lengua de Verlaine.


"Las lanzas" de Velásquez

Es la guerra -humo y sangre- la que hizo
campo de pelear esta campaña,
la que abrió este sendero, la que baña
de rojo el holandés cielo plomizo.

Sobre este campo blanco en invernizo,
-ya no paisaje, fondo de la hazaña-
la gloria flota militar de España,
al viento de la suerte, tornadizo.

Arde en el fondo Breda... Su alegría
oculta el vencedor. Y el pecho fuerte
del vencido devora su amargura.

Humana flor de eterna lozanía,
por encima del odio y la Muerte
la sonrisa de Spínola fulgura.

"Les lances" de Velasquez

C'est elle, c'est la guerre —et fumante de sang—
Qui fait de cette plaine un grand champ de bataille,
C'est elle qui traça ces sillons, qui trempa
Dans la pourpre le ciel de plomb de la Hollande.

Et sur ce champ qui semble amolli par l'hiver
—Décor pour des héros plutôt que paysage—,
Le glorieux drapeau des soldats de l'Espagne
Flotte orgueuillesement au caprice du vent.

Là-bas, voici Breda qui brûle... Le vainqueur
Dissimule son allégresse. Et, taciturne,
Le vaincu courageux dévore son chagrin.

Comme une belle fleur qui ne peut se flétrir,
Au-dessus de la haine, au-dessus de la mort,
Le sourire de Spinola s'épanouit.


El caballero de la mano al pecho

Este desconocido es un cristiano
de serio porte y negra vestidura,
donde brilla no más la empuñadura,
de su admirable estoque toledano.

Severa faz de palidez de lirio
surge de la golilla escarolada,
por la luz interior, iluminada,
de un macilento y religioso cirio.

Aunque sólo de Dios temores sabe,
porque el vitando hervor no le apasione
del mundano placer perecedero,

en un gesto piadoso, y noble, y grave,
la mano abierta sobre el pecho pone,
como una disciplina, el caballero.

L'homme à la main sur le coeur

Cet inconnu que vous voyez est un chrétien,
Grave dans son maintien, et dont le noir costume
Ne s'orne d'autre éclat que celui d'un pommeau
Tolédan d'une épée au merveilleux travail.

Le visage sévère et pâle comme un lys
Surgit des plis gauffrés de la fraise espagnole.
Une lumière intérieure l'illumine,
Tel un cierge pieux aux flammes épuisées.

Quoiqu'il n'éprouve d'autre crainte que de Dieu,
Pour que le détestable feu du vain plaisir
Ne dévaste son coeur aux passions livré,

D'un geste noble et grave et plein de piété,
L'homme en noir a posé, à plat sur sa poitrine,
Grande ouverte sa main comme une discipline.

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