viernes, 30 de marzo de 2012

Étienne de la Boétie: Ay, cuántos días




Étienne de La Boétie nació en Sarlat, pequeña ciudad perigordina, el 1 de noviembre de 1530. Realizó sólidos estudios en el Colegio de Guyena y estudió derecho en la Universidad de Orleáns. 

En 1553 fue designado consejero en el parlamento de Burdeos, donde cuatro años más tarde Montaigne ocuparía un cargo similar.

La Boétie murió en Burdeos el 18 de agosto de 1563. Tenía treinta y dos años. Sus veintinueve sonetos fueron publicados por Montaigne en el vigésimo-noveno capítulo del Primer Libro de los Ensayos.

 Sin el culto ferviente que aquél profesó a la memoria del amigo prematuramente muerto, seguramente no sabríamos nada de Étienne de La Boétie.




Helas combien de jours, helas combien de nuicts...

Helas combien de jours, helas combien de nuicts
J'ay vescu loing du lieu, où mon cueur fait demeure!
C'est le vingtiesme jour que sans jour je demeure,
Mais en vingt jours j'ay eu tout un siecle d'ennuis.

Je n'en veux mal qu'à moy, malheureux que je suis,
Si je souspire en vain, si maintenant j'en pleure,
C'est que, mal-advisé, je laissay en mal'heure
Celle la que laisser nulle part je ne puis.

J'ay honte que desja ma peau decoulouree
Se voit par mes ennuis de rides labouree:
J'ay honte que desja les douleurs inhumaines

Me blanchissent le poil sans le congé du temps
Encor moindre je suis au compte de mes ans,
Et desja je suis vieux au compte de mes peines.




Ay, cuántos días y cuántas noches...

¡Ay, cuántos días y cuántas noches he vivido
Lejos de allí donde mi corazón habita!
Desde hace veinte días vivo en la obscuridad
Mas en estos días tristes todo un siglo he vivido.

El único culpable, desgraciado, soy yo,
Si suspiro, si lloro ahora, vanamente,
Es porque abandoné en una mala hora
A aquella que no puedo dejar en parte alguna.

¡Mi piel descolorida, qué vergüenza,
surcada por los pliegues del tormento!
¡Qué vergüenza que los muchos dolores

Antes de tiempo blanqueen, inhumanos,
Mis cabellos cuando aún joven soy
Aunque ya viejo a causa de mis penas!

Traducción de Miguel Ángel Frontán.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Azorín: Théophile Gautier




THÉOPHILE GAUTIER

El nombre de Gautier debe ser dilecto para todo español amante de España y de las letras. Difiere esencialmente el españolismo de Gautier del de Mérimée, del de Stendhal, del de Hugo y del de Musset. Gautier es el color, el esplendente espectáculo de las catedrales, la visión de las ciudades viejas. Théophile Gautier expresó su amor a España en un libro de viajes, en una colección de poesías y en una novela. Lo conocido del público español —en general— es la primera de las obras citadas. Las poesías lo son menos; de la novela acaba de hacer una edición popular la casa editora Nelson. Tiene Théophile Gautier un lugar en la historia —y aun se podría decir que en la evolución— literaria de su país; pero representa también no poco en cierta fase de las letras españolas.
Conocidos son los detalles del viaje de Gautier a nuestra Patria. Por los años en que Gautier vino a España vinieron otras grandes personalidades francesas de la literatura y algunos distinguidos pintores. Dumas, Gautier, Mérimée figuran entre las personalidades eminentes que en aquellos años de la primera mitad del siglo XIX fueron nuestros huéspedes: Cuvillier-Fleury —redactor del Diario de los Debates—, Roger de Beauvoir, Amadée Uchard, son escritores discretos, estimables, que también entonces hicieron tal viaje. España para todos era el país de lo desconocido; la pasión romántica, dominante a la sazón, ponía un atractivo de misterio, de peligro, de fantasía desvariada, en la tierra española. Y unos, como Mérimée, veían, más concretamente, el carácter indomable y trágico; otros, como Stendhal, el honor caballeresco y desdeñoso del detalle prosaico; y unos terceros, como Gautier y Hugo, el color, lo exótico, el panorama de ciudades y campos.
Pero en este último grupo cabría hacer una distinción entre Gautier y Víctor Hugo; en el autor de Hernani hay algo más, en su españolismo, que el ansia y la dilección por la descripción. Ya lo veremos cuando tratemos de su obra. En Théophile Gautier sí que todo está subordinado a la visión del mundo exterior. La España de Gautier es una España sin hombres, sin habitantes. Recorred su famoso Viaje y no encontraréis ni figuras, ni multitudes. Los españoles, la vida social de España no le interesan a Gautier. Nada de política, de historia, de movimientos y aspectos de la vida humana. Todo son paisajes y descripciones de ciudades. Se cuenta que la señora de una de las casas en que se reunían literatos y artistas en París  creemos que la princesa Matilde— como leyera la relación de Gautier, le preguntó a éste, al ver que en su libro no había rastro de seres humanos: «Pero, Gautier, en España, ¿no hay habitantes?»
Gautier compone un libro pura y exclusivamente descriptivo. La posición de nuestro autor es en absoluto la contraria de Mérimée: para uno no hay en España más que pintura de cosas, y para el otro más que pintura de caracteres. Gautier, en la historia de la literatura francesa, no llega a ser una personalidad de primer orden; figura, ciertamente, entre los insignes; mas le falta la hondura, la genialidad, el estro que marca a los grandes creadores. A nuestro entender, el beneficio que este escritor aporta a las letras francesas estriba en el elemento de exotismo y de novedad que, gracias a su obra, se introduce e infiltra en el espíritu francés. Gautier, viajero, autor de libros descriptivos sobre países como España, Rusia, Turquía (aparte de su novela de asunto egipcio), hace que Francia, al ensanchar su visión estética del mundo, se afirme en su papel de divulgadora de todas las novedades y bizarrías del pensamiento. En una palabra, Gautier ha contribuido poderosamente a que la atención del mundo haya ido convergiendo hacia Francia.
Esto en cuanto al lugar de nuestro autor en la literatura de su Patria. ¿Y en lo que respecta a España? Durante mucho tiempo ha sido tratado desdeñosamente el libro de Gautier; aun se ha llegado a creer que tal obra era depresiva para España. Se ha necesitado para deshacer este error, primero, de las palabras entusiastas que a dicho Viaje dedica Menéndez Pelayo en su Historia de las ideas estéticas; luego, del entusiasmo que por esta obra sintiera el núcleo de escritores que nace a la vida de las letras en 1898. No somos partidarios de que se empleen cierto género de denominaciones para designar estos o los otros literatos; no acaba de gustarnos esto de la generación de 1898. Diríase que hay cierta impertinencia (cuando no pedantería) en esta manera de designar. No parece sino que, por arte mágico, inopinadamente, ha surgido en la marcha de nuestras letras un grupo de escritores que han hecho lo que los demás no han realizado: los demás, tanto los anteriores como los subsiguientes. Pero, en fin, pase, como recurso de comodidad, la denominación. El Viaje de Gautier fue para los escritores de 1898 una revelación; fue la revelación de España, de sus ciudades viejas, de sus monumentos, de sus campiñas. ¡Cómo en las excursiones a Toledo se leían fervorosamente las páginas de Gautier dedicadas a la gloriosa ciudad! La generación del 98 trajo al arte el sentido, hondo y entusiasta, del paisaje y de las ciudades españolas. Pero ¿es que no había antecedentes serios y continuados de este sentir? Los había ; existía toda una tradición.
Una cosa interesantísima sería el hacer ver de qué manera Toledo ha sido, en estética, como el nexo espiritual de la España literaria; de qué modo Toledo sirve como de hilo conductor —a través de las generaciones— para hacer que el sentido de España, el amor a España, la dilección por la historia y las tradiciones españolas, vayan transmitiéndose y perdurando. Toledo juega un papel importante en el movimiento romántico (recuérdese las célebres poesías de Zorrilla), y Toledo sirve de iniciación en el conocimiento de España a los escritores de 1898. Los escritores de esa generación han traído al arte el paisaje y las ciudades de España; su visión y su amor han sido más intensos que los de las generaciones anteriores (que han traído al arte otras cosas, tan considerables como esta, pero de otro género) ; mas la tradición no se había interrumpido. Habría que estudiar detenidamente esos esfuerzos que se venían realizando. Hemos citado a Zorrilla; tendríamos que señalar también la influencia de un pintor, no de primera línea, aunque estimadísimo, don Jenaro Villamil, que consagró sus pinceles a pintar la España vieja; en el mismo sentido, popular y castizo, pintó también Valeriano Bécquer, el hermano del poeta. En literatura, aunque refiriéndonos a tiempos más cercanos a los nuestros, ¿no es de 1891 el segundo volumen de Ángel Guerra, de Galdós, volumen dedicado precisamente a Toledo, descripción soberbia, maravillosa de la España castiza?
Théophile Gautier, con su Viaje, y muchos años después de publicado, aviva poderosamente en un grupo de escritores españoles el amor a su Patria y el ansia de conocer su Patria. Una corriente iniciada por el romanticismo (en literatura y en pintura) es reforzada con ahínco por el libro de Gautier. Un literato francés ha operado tal obra bienhechora y patriótica. España se ha conocido mejor a sí misma. Y esto es lo que a Francia deberemos siempre, entre otras cosas, los españoles.

AZORÍN (Entre España y Francia. Hispanistas.)

martes, 13 de marzo de 2012

Dunoyer de Segonzac y Flaubert: La educación sentimental



Le 15 septembre 1840, vers six heures du matin, la Ville-de-Montereau, près de partir, fumait à gros tourbillons devant le quai Saint-Bernard.

Des gens arrivaient hors d’haleine ; des barriques, des câbles, des corbeilles de linge gênaient la circulation ; les matelots ne répondaient à personne ; on se heurtait ; les colis montaient entre les deux tambours, et le tapage s’absorbait dans le bruissement de la vapeur, qui, s’échappant par des plaques de tôle, enveloppait tout d’une nuée blanchâtre, tandis que la cloche, à l’avant, tintait sans discontinuer.

Enfin le navire partit ; et les deux berges, peuplées de magasins, de chantiers et d’usines, filèrent comme deux larges rubans que l’on déroule.











ANDRÉ DUNOYER DE SEGONZAC
(Oeuvres complètes et illustrées de Gustave Flaubert. Édition du centenaire. Librairie de France, Paris, 1922)
Un grand merci à Internet Archive !



lunes, 12 de marzo de 2012

Azorín: Stendhal



STENDHAL


¿Podemos considerar a Stendhal como un hispanista? Si por hispanista entendemos hombre que hace profesión de estudiar a España por modo grave, magistral y dogmático, seguramente que Stendhal no es un hispanista. Tampoco lo sería Mérimée, aunque tiene estudios serios y graves sobre España. Pero Stendhal es hispanista en el sentido amplio de escritor que ama a España y —lo que es más— que cree, al igual que Víctor Hugo, llevar en sus venas sangre española y encarnar en su espíritu el aliento español. Y habrá muchos lectores que pregunten: ¿Cómo se podría tener una idea de Stendhal? ¿Qué hizo este escritor y quién fue? Henri Beyle fue un escritor que vivió obscuramente y que durante su vida no gozó de renombre ni de consideración literaria. Escribió mucho; la causa de su infeliz suceso estriba, principalmente, en haber escrito de cosas literarias, de imaginación, como quien escribe de álgebra; él mismo decía que todas las mañanas repasaba, antes de ponerse a escribir, unos cuantos artículos del Código civil para ponerse a tono.

Si se tiene en cuenta que la época en que Stendhal escribía era la del florecimiento romántico, se comprenderá como este autor, que componía novelas en estilo de Código, no había de gustar a un público que se extasiaba con la profusión verbal y los esplendores líricos de los románticos : de un Hugo o de un Chateaubriand. Beyle lo comprendía, y, teniendo fe en su propia obra, auguró —en 1830— que allá para 1880 sería apreciada su labor. Comenzó, en efecto, a leerse, a estudiarse, a propagarse la obra de Beyle por la fecha indicada; escritores de diversa índole proclamaban la exquisitez y meollo de este peregrino autor.

Interrumpamos el proceso de la nombradía de Beyle para hablar de su españolismo. Se nos antoja que la doctrina españolista del agudo psicólogo no difiere, esencialmente, del españolismo de un Hugo o un Mérimée; mas en Stendhal se halla más cabal y rigurosamente expresada. Todos parten de la base de caballerosidad española; todos aceptan —o crean ellos— un concepto de fiereza o de rigidez como innatos en el español. Pero hay en Stendhal un matiz importantísimo que conviene señalar: Beyle pone en el españolismo una nota de ingenuidad que acredita en este autor su profunda intuición psicológica. El español es fiero, es altivo, es digno; pero, sobre todo, el español antes que descender de su elevado concepto de la caballerosidad se dejará engañar y saquear; mejor dicho, esta misma idea del honor que el español tiene le hace ingenuo, confiado y sencillo frente al mundo y sus tráfagos y engaños. Hay, en el sentir de Stendhal, un cierto desdoro, un cierto menoscabo de la propia personalidad en descender a un plano de realidades y detalles prosaicos. En la autobiografía del autor titulada Henry Brulard es donde Beyle explica su españolismo. Stendhal pisó tierra española; veinticuatro horas estuvo en Barcelona (1837); de ello habla el autor en sus Memorias de un turista. Dos años antes, en 1835, en una carta dirigida desde Italia, al Duque de Broglie (puede verse la Correspondencia del autor) Beyle, a la sazón cónsul, expresa el deseo de que, por motivos de salud, se le destine a «un consulado de España, en las orillas del Mediterráneo».

La doctrina le fue infundida a Stendhal por una parienta suya que sobre él ejerció gran influencia. «Mi tía Isabel — escribe el autor — tenía el alma española; su carácter era la quinta esencia del honor; ella me comunicó esta manera de sentir, y de ahí la serie ridícula de mis tonterías cometidas por delicadeza y vastedad de alma.» Léase bien este texto: tonterías ridículas, porque siendo el autor, o queriendo ser, un realista , un discípulo de filósofos, materialistas, un hombre, en fin, que está de vuelta de todo, enterado y práctico, su españolismo le hace a cada paso, o de cuando en cuando, encontrarse con que es ingenuo, candoroso, ante un lance de la vida o un aspecto del mundo, y que procede como un Quijote ambicionando ser un Sansón Carrasco. Cuando, en una conversación, uno de los conversadores hace una observación ingenua y noble y se le replica cariñosament : «¡ Qué tonto es este hombre!», ¿no advertimos bien claramente la diversidad de atmósfera moral y psicológica en que uno y otro interlocutor están, en este instante, colocados? ¿No se sonrojará un poco de su inocencia el reprendido? Pues este sonrojo — causado por su españolismo — es el que no quería tener Stendhal. Y, sin embargo, ¡qué enaltecedor sonrojo! Pero, por otra parte, ¡qué peligroso el marchar por la vida con esa ingenuidad y con ese candor!

«Me falta habilidad —escribe también Stendhal—; todos los días, por españolismo, me engañan en un franco o dos cuando hago compras.» El españolismo tiene también para Beyle otras dos consecuencias: «Primera, yo aparto la mirada de todo lo que es bajo. Segunda, yo simpatizo, como cuando tenía diez años y leía a Ariosto, con todo lo que son cuentos de amor, de bosques (las selvas y su vasto silencio), de generosidad.» ¿Queda bien definida la característica del españolismo de Stendhal? Su españolismo es candor; su españolismo es el mismo Don Quijote; Beyle nos cuenta que leyó extasiado en su niñez el gran libro.

El prestigio de Henri Beyle se ha ido consolidando. Existe —como respecto de Montaigne, de Shakespeare, de Rabelais y de otros— una sociedad de amigos de Beyle : el Stendhal Club. Un editor, Champion, ha editado recientemente una monumental, primorosísima, edición de las obras de este autor. Stendhal no es lo que quieren sus exaltados panegiristas; con él ha acontecido como con el Greco en España. Un apaciguamiento del entusiasmo ha venido a colocar a los dos artistas en el lugar que, en estricta justicia, les corresponde. No es un cincelador del estilo Henri Beyle; desdeña el primor de la prosa; cuesta trabajo el leerle, y a veces estas dificultades llegan a tártagos y enojos. El encarecimiento que hacía Taine era exagerado. Pero Stendhal será leído siempre como profundo pintor de caracteres, monografista de pasiones, psicólogo escueto, seco y preciso. Los españoles le debemos el que haya adivinado con intuición maravillosa uno de los rasgos fundamentales de nuestro carácter.

AZORÍN (Entre España y Fancia. Hispanistas.)

jueves, 8 de marzo de 2012

Azorín: Víctor Hugo




VICTOR HUGO

No necesitamos volver a decir en qué sentido tomamos, en estos artículos, el vocablo hispanista. Víctor Hugo era un amador de España; pasó aquí los primeros años de su vida; estuvo luego, ya hombre, una larga temporada en Pasajes; él mismo nos ha contado su estancia en las montañas vascas y sus correrías hasta Pamplona. El gran poeta ha expresado su españolismo en varias de sus obras; recordemos los dramas Hernani, Ruy Blas y Torquemada. En La leyenda de los siglos hay también páginas dedicadas al Cid. En las Canciones de las calles y de los bosques figuran unas lindas poesías dedicadas a una española ideal (ideal como la marquesa de Amaegui en las poesías de Musset), llamada, si no recordamos mal, doña Rosa Rosita.

¿Cómo podríamos caracterizar el españolismo de Víctor Hugo? El gran poeta toma el elemento español, es decir, España, como una corroboración de su total concepción poética; el mismo aprovechamiento podemos observar, más tarde, en Leconte de Lisle respecto de la antigüedad pagana. Hugo, humanitario, ardiente partidario del progreso, debelador de toda tiranía y de toda superstición, ve en la historia y en el ambiente de España una cantera de donde sacar materiales para sus temas grandilocuentes, para el fortalecimiento de sus tesis. No ve sólo el color en España (y al escribir esto nos acordamos de las Orientales, que antes habíamos olvidado); ve también —y sobre todo— la humanidad, un fragmento interesante de humanidad, en un determinado medio y en un cierto período de su evolución. Y mostrando a sus lectores, al mundo, diremos, tratándose de tan elevado poeta; mostrando al mundo esa parte de humanidad, le expone el poder y la influencia de instituciones y de sentimientos diversos, y le dice lo que ha sido y lo que puede ser el hombre.

Como se ve, en el españolismo de Hugo existe una trascendencia, un magisterio, una tendencia que no hay en Mérimée, en Gautier o en Stendhal. Recordemos un verso del drama Torquemada. L'Espagne, pierre à pierre et pas à pas, se fonde, dice un personaje (el Rey). España, piedra a piedra y paso a paso, se funda. Sí; España, la nación española, va fundándose, consolidándose poco a poco, a pesar de corruptelas, trabas, abusos, obstáculos, desórdenes, confusiones. España va marchando lentamente, pero marchando, al fin, en lucha con el error y con la obstinación. Y Víctor Hugo, que tan espléndidamente muestra la España vieja y carcomida, abre su magnánimo corazón a la esperanza, y él — grande de España de primera clase — envuelve en su amor de altísimo poeta a esta tierra de espléndidos paisajes.

Se ha discutido, desde el punto de vista histórico, el españolismo de Hugo. Sabios dictámenes existen —hechos por los mismos franceses— sobre la veracidad en el Ruy Blas, por ejemplo. Pero en las obras de Hugo, como en las obras de todos los grandes artistas, por encima de los detalles, se cierne el espíritu que da verdadero tono a la creación. ¡Qué importa el anacronismo, el error, la falsedad en los pormenores! La substancia de la obra es lo que hemos de considerar, y la substancia, en Víctor Hugo, es española, profundamente española. ¿Se quiere un ejemplo? Tomemos el Consejo de ministros que se celebra en Ruy Blas. ¿Es falso todo aquello? ¿Es fantástico? ¿Es anacrónico? Pues luego de leer esa famosa escena repasemos los escritos de nuestros viejos economistas; veamos las lamentaciones y plañidos que se exhalaban con motivo de nuestras corruptelas y disipaciones; traigamos a la memoria los célebres versos de Quevedo que a éste valieran cruel destierro y prisión; hojeemos, finalmente, los libros de nuestros modernos historiadores sobre la decadencia española (el de Cánovas, por ejemplo). Y, después de haber hecho todo esto, digamos si el Consejo de ministros que Hugo nos presenta en su drama no es una síntesis maravillosa, admirable, profundísima, de la historia de España.

¿Qué influencia ha tenido Víctor Hugo sobre nuestros poetas? Víctor Hugo ha sido gustado y traducido en España desde primera hora. Hay en Espronceda poco de Hugo; algo más podríamos ver en el Duque de Rivas; mucho más notaremos en Zorrilla. Zorrilla, con todos sus defectos, es nuestro más gran poeta del siglo XIX. Sobre Zorrilla, Víctor Hugo ha impreso su sello. En Zorrilla —y esto hace su grandeza— hay lo que no encontramos sino de raro en raro en los demás poetas españoles: un elemento de vaguedad, de misterio, de idealidad. Esa idealidad de Zorrilla la encontramos, por ejemplo, en una de las primeras poesías de Ángel Saavedra, en la titulada A las estrellas; la encontramos en alguna otra composición de Espronceda; mas en Zorrilla es permanente y constituye la esencia de su estro. ¡Cuántos prejuicios se han amontonado alrededor de este maravilloso poeta y cuán torcidamente ha sido juzgado! Del estudio dedicado al poeta por don Manuel de la Revilla se nos antoja que arranca el prejuicio con que han visto a Zorrilla las nuevas generaciones. Zorrilla, a trozos, puede ponerse a par de Hugo. Léanse sus poesías La torre de Fuensaldaña, La luna de enero y El Reló...

Pero nuestro propósito no era ahora hacer un estudio de nuestro glorioso poeta. Hemos querido señalar la sugestión ejercida sobre su numen por Víctor Hugo. Y hemos querido, principalmente poner de manifiesto el carácter trascendental del españolismo del autor de Hernani.


AZORÍN (Entre España y Francia. Hispanistas.)


domingo, 4 de marzo de 2012

Michel Houellebecq: Último bastión contra el liberalismo




Dernier rempart contre le libéralisme

Nous refusons l'idéologie libérale au nom de l'encyclique de Léon XIII sur la mission sociale de l'Évangile et dans le même esprit que les prophètes antiques appelaient la ruine et la malédiction sur la tête de Jérusalem,
Et Jérusalem tomba, et pour se relever elle ne mis pas moins de quatre mille ans.

Il est indiscutable et avéré que tout projet humain se voit de plus en plus évalué en fonction de purs critères économiques,
De critères absolument numériques,
Mémorisables sur fichiers informatiques.
Cela n'est pas acceptable et nous devons lutter pour la mise en tutelle de l'économie et pour sa soumission à certains critères que j'oserai appeler éthiques,

Et quand on licencie trois mille personnes et que j'entends bavasser sur le coup social de l'opération il me prend une envie furieuse d'étrangler une demi-douzaine de conseillers en audit,
Ce qui serait une excellente opération,
Un dégraissage absolument bénéfique,
Une opération pratiquement hygiénique.

Faites confiance à l'initiative individuelle, voilà ce qu'ils répètent partout, ce qu'ils vont partout répétant comme ces vieux réveils à ressort dont l'uniforme déclic suffisait généralement à nous plonger dans une insomnie fatigante et définitive,
À cela je ne peut répondre qu'une seule chose, et cette chose ressort d'une expérience à la fois navrante et répétitive,
C'est que l'individu, je veux parler de l'individu humain, et, très généralement un petit animal à la fois cruel et misérable,
Et qu'il serait bien vain de lui faire confiance à moins qu'il ne se voit repoussé, enclos et maintenu dans les principes rigoureux d'une morale inattaquable,
Ce qui n'est pas le cas.

Dans une idéologie libérale, s'entend.






Ultimo bastión contra el liberalismo

Rechazamos la ideología liberal porque es incapaz de darle un sentido, una vía, a la reconciliación del individuo con su semejante en una comunidad que podríamos calificar de humana,
Y, por otra parte, el fin que ésta se propone es incluso totalmente diferente.

Rechazamos la ideología liberal en nombre de la encíclica de León XIII sobre la misión social del Evangelio y con el mismo espíritu conque los antiguos profetas impetraban la ruina y la maldición sobre la cabeza de Jerusalén,
Y Jerusalén cayó, y no tardó menos de cuatro mil años en volver a levantarse.

Es indiscutible y está comprobado que todo proyecto humano se evalúa cada vez en función de meros criterios económicos.
De criterios absolutamente numéricos,
Memorizables en archivos informáticos.
Esto no es aceptable y debemos luchar por que la economía sea puesta bajo tutela y por que se la someta a ciertos criterios que me atreveré a llamar éticos,

Y cuando echan a tres mil personas y oigo charlatanear sobre el costo social de la operación Me entran ganas furiosas de estrangular a una media docena de auditores,
Lo que sería una excelente operación,
Una limpieza absolutamente benéfica,
Una operación prácticamente higiénica.

Tengan confianza en la iniciativa individual, eso es lo que repiten por todas partes, lo que van repitiendo por todas partes, como esos viejos despertadores a cuerda cuya campanilleo uniforme bastaba por lo general para hundirnos en un insomnio extenuante y definitivo,
No tengo para esto más que una respuesta, y esta respuesta surge de una experiencia al mismo tiempo desconsoladora y repetitiva,
Es que el individuo, quiero decir el individuo humano, es por regla general un animalito a la vez cruel y miserable,
Y que sería muy en vano tenerle confianza a menos que sea acorralado, encerrado y mantenido entre los principios rigurosos de una moral inatacable,
Lo que no es el caso.

En una ideología liberal, se entiende.

jueves, 1 de marzo de 2012

Charles Baudelaire: Mi corazón al desnudo

NUESTRAS NOVEDADES MÁS RECIENTES

MON COEUR MIS À NU
Journal intime (extraits)


De la vaporisation et de la centralisation du Moi. Tout est là. D'une certaine jouissance sensuelle dans la société des extravagants.
(Je pense commencer Mon coeur mis à nu n'importe où, n'importe comment, et le continuer au jour le jour, suivant l'inspiration du jour et de la circonstance, pourvu que l'inspiration soit vive).

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Le premier venu, pourvu qu'il sache amuser, a le droit de parler de lui-même.

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Je comprends qu'on déserte une cause pour savoir ce qu'on éprouvera à en servir une autre.
Il serait peut-être doux d'être alternativement victime et bourreau.

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Sottises de Girardin :
«Notre habitude est de prendre le taureau par les cornes. Prenons donc le discours par la fin». (7 novembre 1863).
Donc, Girardin croit que les cornes des taureaux sont plantées sur leur derrière. Il confond les cornes avec la queue.
«Qu'avant d'imiter les Ptolémées du journalisme français, les journalistes belges se donnent la peine de réfléchir sur la question que j'étudie depuis trente ans sous toutes ses faces, ainsi que le prouvera le volume qui paraîtra prochainement, sous ce titre : Questions de presse ; qu'ils ne se hâtent pas de traiter de souverainement ridicule (1) une opinion qui est aussi vraie qu'il est vrai que la terre tourne et que le soleil ne tourne pas». Émile de Girardin.


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La femme est le contraire du Dandy. Donc elle doit faire horreur.
La femme a faim, et elle veut manger ; soif, et elle veut boire.
Elle est en rut, et elle veut être f...
Le beau mérite !
La femme est naturelle, c'est-à-dire abominable.
Aussi est-elle toujours vulgaire, c'est-à-dire le contraire du Dandy.
Relativement à la Légion d'Honneur. - Celui qui demande la croix a l'air de dire : Si l'on ne me décore pas pour avoir fait mon devoir, je ne recommencerai plus. Si un homme a du mérite, à quoi bon le décorer ? S'il n'en a pas, on peut le décorer, parce que cela lui donnera un lustre.
Consentir à être décoré, c'est reconnaître à l'État ou au prince le droit de vous juger, de vous illustrer, et caetera.
D'ailleurs, si ce n'est l'orgueil, l'humilité chrétienne défend la croix.
Calcul en faveur de Dieu. - Rien n'existe sans but.
Donc mon existence a un but.
Quel but ? Je l'ignore.
Ce n'est donc pas moi qui l'ai marqué. C'est donc quelqu'un plus savant que moi.
Il faut donc prier ce quelqu'un de m'éclairer. C'est le parti le plus sage.
Le Dandy doit aspirer à être sublime, sans interruption. Il doit vivre et dormir devant un miroir.


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Analyse des contre-religions : exemple la prostitution sacrée.
Qu'est-ce que la prostitution sacrée ?
Excitation nerveuse.
Mysticité du paganisme. Le mysticisme, trait d'union entre le paganisme et le christianisme.
Le paganisme et le christianisme se prouvent réciproquement.
La Révolution et le culte de la Raison prouvent l'idée du sacrifice.
La superstition est le réservoir de toutes les vérités.

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Il y a dans tout changement quelque chose d'infâme et d'agréable à la fois, quelque chose qui tient de l'infidélité et du déménagement. Cela suffit à expliquer la Révolution française.

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Mon ivresse en 1848.
De quelle nature était cette ivresse ? Goût de la vengeance. Plaisir naturel de la démolition. Ivresse littéraire ; souvenir des lectures.
Le 15 mai. Toujours le goût de la destruction. Goût légitime, si tout ce qui est naturel est légitime.
Les horreurs de Juin. Folie du peuple et folie de la bourgeoisie. Amour naturel du crime.
Ma fureur au coup d'État. Combien j'ai essuyé de coups de fusil ! Encore un Bonaparte ! Quelle honte !
Et cependant tout s'est pacifié. Le Président n'a-t-il pas un droit à invoquer ?
Ce qu'est l'Empereur Napoléon III. Ce qu'il vaut. Trouver l'explication de sa nature, et sa providentialité.

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Être un homme utile m'a paru toujours quelque chose de bien hideux.
1848 ne fut amusant que parce que chacun y faisait des utopies comme des châteaux en Espagne.
1848 ne fut charmant que par l'excès même du ridicule.
Robespierre n'est estimable que parce qu'il a fait quelques belles phrases.

— * —

La Révolution, par le sacrifice, confirme la Superstition.

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Politique. - Je n'ai pas de convictions, comme l'entendent les gens de mon siècle, parce que je n'ai pas d'ambition.
Il n'y a pas en moi de base pour une conviction.
Il y a une certaine lâcheté, ou plutôt une certaine mollesse chez les honnêtes gens.
Les brigands seuls sont convaincus, - de quoi ? - Qu'il leur faut réussir. Aussi, ils réussissent.
Pourquoi réussirais-je, puisque je n'ai même pas envie d'essayer ?
On peut fonder des empires glorieux sur le crime, et de nobles religions sur l'imposture.
Cependant j'ai quelques convictions, dans un sens plus élevé, et qui ne peut pas être compris par les gens de mon temps.

— * —

Sentiment de solitude, dès mon enfance. Malgré la famille, et au milieu des camarades, surtout, - sentiment de destinée éternellement solitaire.
Cependant, goût très vif de la vie et du plaisir.

— * —

Presque toute notre vie est employée à des curiosités niaises. En revanche, il y a des choses qui devraient exciter la curiosité des hommes au plus haut degré, et qui, à en juger par leur train de vie ordinaire, ne leur en inspirent aucune.
Où sont nos amis morts ?
Pourquoi sommes-nous ici ?
Venons-nous de quelque part ?
Qu'est-ce que la liberté ?
Peut-elle s'accorder avec la loi providentielle ?
Le nombre des âmes est-il fini ou infini ?
Et le nombre des terres habitables ?
Etc., etc.

— * —

Les nations n'ont de grands hommes que malgré elles. Donc, le grand homme est vainqueur de toute sa nation.
Les religions modernes ridicules :
Molière,
Béranger,
Garibaldi.

— * —

La croyance au progrès est une doctrine de paresseux, une doctrine de Belges.
C'est l'individu qui compte sur ses voisins pour faire sa besogne.
Il ne peut y avoir de progrès (vrai, c'est-à-dire moral) que dans l'individu et par l'individu lui-même.
Mais le monde est fait de gens qui ne peuvent penser qu'en commun, en bandes. Ainsi les Sociétés belges.
Il y a aussi des gens qui ne peuvent s'amuser qu'en troupe. Le vrai héros s'amuse tout seul.

— * —

Éternelle supériorité du dandy.
Qu'est-ce que le Dandy ?

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Mes opinions sur le théâtre. Ce que j'ai toujours trouvé de plus beau dans un théâtre, dans mon enfance, et encore maintenant c'est le lustre, - un bel objet lumineux, cristallin, compliqué, circulaire et symétrique.

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Cependant, je ne nie pas absolument la valeur de la littérature dramatique. Seulement, je voudrais que les comédiens fussent montés sur des patins très hauts, portassent des masques plus expressifs que le visage humain, et parlassent à travers des porte-voix ; enfin que les rôles de femmes fussent joués par des hommes.

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Après tout, le lustre m'a toujours paru l'acteur principal, vu à travers le gros bout ou le petit bout de la lorgnette.

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Il faut travailler, sinon par goût, au moins par désespoir, puisque, tout bien vérifié, travailler est moins ennuyeux que s'amuser.

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Il y a dans tout homme, à toute heure, deux postulations simultanées, l'une vers Dieu, l'autre vers Satan.



MI CORAZÓN AL DESNUDO
Diarios íntimos (1)
(fragmento)



De la vaporización y de la centralización del Yo. En eso consiste todo. De cierto disfrute sensual en la compañía de los extravagantes.

(Pienso comenzar Mi corazón al desnudo en cualquier lugar, de cualquier manera, y continuarlo día tras día, siguiendo la inspiración del día y de la circunstancia, siempre y cuando la inspiración sea intensa).

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Cualquiera, siempre y cuando sepa divertir, tiene derecho a hablar de sí mismo.

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Comprendo que se abandone una causa para saber lo que se experimenta al servir otra.

Sería, quizás, algo dulce el ser, alternativamente, víctima y verdugo.

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Estupideces de Girardin:(2)

"Nuestra costumbre es tomar el toro por las astas. Tomemos, pues, el discurso por el final." (7 de noviembre de 1863)

Girardin cree, pues, que los toros tienen las astas en el trasero. Confunde las astas con la cola.

 "Que antes de imitar a los Tolomeos del periodismo francés, los periodistas belgas se den la pena de reflexionar en la cuestión que yo estudio en todos sus aspectos desde hace treinta años, así como habrá de probarlo el volumen que aparecerá próximamente con el título: Cuestiones de prensa; que no se apresuren a calificar de ridícula una opinión que es tan ridícula como lo es que la tierra da vueltas y que el sol no las da." Émile de Girardin.

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La mujer es lo contrario del Dandy. Tiene, pues, que producir horror.

La mujer tiene hambre y quiere comer; sed y quiere beber. Está en celo y quiere que se la...

¡Lindo mérito!

La mujer es natural; es decir, abominable.

Por eso es siempre vulgar; es decir, lo contrario del Dandy.

Con respecto a la Legión de Honor.- El que solicita la Cruz parece que dijese: "Si no me condecoran por haber cumplido con mi deber, no volveré a hacerlo". Si un hombre es alguien de mérito, ¿para qué condecorarlo? Si no lo es, puede ser condecorado, ya que así obtendrá cierto brillo.

 Consentir en ser condecorado (3) es reconocerle al Estado o al Príncipe el derecho a juzgarnos, de ennoblecernos, etc.

Por otra parte, si no fuese el orgullo, la humildad cristiana prohibe la Cruz.

Cálculo en favor de Dios: Nada existe sin un objetivo. Mi existencia, entonces, tiene un objetivo.

¿Qué objetivo? Lo ignoro.

No fui yo, pues, el que lo estableció. Fue alguien, pues, más sabio que yo.

Es necesario, entonces, rogarle a ese alguien que me ilumine. Es la decisión más sabia.

El Dandy debe aspirar a ser sublime, sin interrupción. Debe vivir y dormir delante de un espejo.

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Análisis de las contra-religiones: ejemplo, la prostitución sagrada.

¿Qué cosa es la prostitución sagrada?

Excitación nerviosa.

El misticismo del paganismo. El misticismo, lazo de unión entre el paganismo y el cristianismo.

El paganismo y el cristianismo se prueban recíprocamente.

La Revolución y el culto de la Razón prueban la idea del sacrificio.

En la superstición se encuentran todas las verdades.

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En todo cambio hay algo, al mismo tiempo, infame y agradable; algo que se parece a la infidelidad y a una mudanza. Esto es suficiente para explicar la Revolución Francesa.

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Mi ebriedad en 1848.

¿Cual fue la naturaleza de esa ebriedad? Gusto de la venganza. Placer natural de la demolición. Ebriedad literaria; recuerdos de libros leídos.

El 15 de mayo. Siempre el gusto de la destrucción. Gusto legítimo, si todo lo que es natural es legítimo.

Los horrores de junio. Locura del pueblo y locura de la burguesía. Amor natural del crimen.

Mi furia ante el golpe de Estado. ¡Cuántos tiros me dispararon! ¡Otra vez un Bonaparte! ¡Qué vergüenza!

Y sin embargo todo volvió a la tranquilidad. El Presidente, ¿no tiene un derecho que invocar?

Lo que es el Emperador Napoleón III. Lo que vale. Encontrar la explicación de su naturaleza; y de su providencialidad.

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Ser un hombre útil me ha parecido, siempre, algo muy odioso.

1848 sólo fue divertido porque todo el mundo hacía utopías como si se tratara de hacer castillos en el aire.

1848 sólo fue encantador por el exceso de ridículo.

Robespierre sólo es estimable por haber hecho algunas bellas frases.

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La Revolución, por medio del sacrificio, confirma la Superstición.

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Política.- No tengo convicciones, como lo entienden las personas de mi época, porque no tengo ambición.

En mí no existe base para una convicción.

Hay cierta cobardía o, más bien, cierta blandura en la gente simple.

Sólo los bandidos están convencidos, — ¿de qué? — De que tienen que tener éxito. Por eso es que tienen éxito.

¿Por qué tendría yo éxito, puesto que ni siquiera tengo ganas de intentarlo?

Se pueden fundar imperios gloriosos sobre el crimen, y religiones nobles sobre la impostura.

Sin embargo tengo algunas convicciones, en un sentido más elevado y que las personas de mi tiempo no pueden comprender.

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Sentimiento de soledad, desde mi infancia. Sobre todo en medio de mis compañeros, a pesar de la familia — presentimiento de un destino eternamente solitario.

Gusto intenso, sin embargo, de la vida y del placer.

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Casi toda nuestra vida es empleada en satisfacer curiosidades estúpidas. Existen cosas, por otra parte, que tendrían que excitar, en grado sumo, la curiosidad de los hombres y que, a juzgar por su vida cotidiana, no les inspiran ninguna.

¿Adónde están nuestros amigos muertos?

¿Para qué estamos aquí?

¿Venimos de alguna parte?

¿Qué cosa es la libertad?

¿Puede ponérsela de acuerdo con la ley de la Providencia?

El número de almas, ¿es finito o infinito?

¿Y el número de tierras habitables?

Etc., etc.

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Las naciones sólo poseen grandes hombres a su pesar. El gran hombre es, pues, el vencedor de toda su nación.

Las religiones modernas(4), ridículas :

Molière,(5)

Béranger,(6)

Garibaldi.(7)

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La creencia en el progreso es una doctrina de perezosos, una doctrina de belgas.(8)

Es el individuo que, para hacer su tarea, cuenta con sus vecinos.

 El progreso (el auténtico, es decir el moral) sólo existe en el individuo y por el individuo.

Pero el mundo está lleno de gente que no puede pensar sino en común, en bandas. Ejemplo, las Sociedades Belgas.

 También existen los que no pueden divertirse sino en grupo. El héroe auténtico se divierte solo.

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Eterna superioridad del dandy.

¿Qué cosa es el dandy?

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 Mis opiniones sobre el teatro. Lo que simpre me ha parecido más bello en un teatro — en mi infancia y, aún ahora — es la araña, un hermoso objeto cristalino, complicado, circular y simétrico.

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No niego del todo, sin embargo, el valor de la literatura dramática. Simplemente, querría que los actores se montasen sobre altos coturnos, llevasen máscaras más expresivas que el rostro humano, y hablasen por medio de altavoces y, para terminar, que los roles de mujeres fuesen interpretados por hombres.

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Después de todo, la araña me ha parecido ser siempre el actor principal, se la observe con una u otra punta de los gemelos.

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 Es necesario trabajar, si no es por gusto al menos por desesperación, ya que, cuando todo ha sido verificado, trabajar es menos aburrido que divertirse.

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Existen en todo hombre, en todo momento, dos postulaciones simultáneas, una hacia Dios, la otra hacia Satán.

Traducción y notas de Miguel Ángel Frontán.

NOTAS:

(1) El señor Claude Pichois, editor de las Obras completas de Baudelaire en "La Pléiade", señala que, para este título: "Mi corazón al desnudo", Baudelaire se inspiró, evidentemente, de un pasage de "Marginalia" de su admirado Poe: "Si algún hombre ambicioso concibe la fantasía de producir una revolución en la esfera del pensamiento humano, ésta será su ocasión. El camino que lleva a la gloria inmortal se abre delante suyo sin obstáculo alguno. En efecto, sólo le es necesario escribir y publicar un pequeño libro. El título será simple — unas pocas palabras explícitas — Mi corazón al desnudo ('My heart laid bare')".

(2) Emile de Girardin (1806-1881), periodista y político francés. En 1836, fundó "La Presse", primer diario en solventarse con la ayuda de la publicidad y de la publicación regular de folletines. Expulsado de Francia, luego del golpe de Estado de Louis-Napoléon Bonaparte, regresó en 1866 y compró el diario "La liberté" que se transformó en la tribuna de la opinión liberal. En 1872, apoyó a Adolphe Thiers, para unirse, finalmente, con los republicanos. Emile de Girardin, es considerado, generalmente, como el creador de la prensa moderna. El artículo que es aquí objeto de la burla de Baudelaire apareció en "La Presse" el 8 de noviembre de 1863; y llevaba por título: "La paz del mundo".

(3) Baudelaire, en 1858 — al año siguiente del proceso de "Les fleurs du mal" — había tratado de obtener la "Legión de Honor". En vano.

(4) El crítico Sainte-Beuve — cuyos Poemas de Joseph Delorme, libro de juventud, son considerados como predecesores de "Las flores del mal" — rechazaba, como Baudelaire (aunque, quizás, por razones distintas), el culto rendido a ciertas grandes figuras de la literatura de Francia ; culto que Sainte-Beuve calificaba de verdaderas "religiones francesas". Las "religiones" que Baudelaire ataca aquí son las que tienen por objeto las figuras emblemáticas de la opinión liberal y anticlerical ; en suma, lo que Baudelaire detesta es la opinión "progresista" de su tiempo. .

(5)Sería ridículo presentar a Molière.

(6)Es difícil imaginarnos hoy la gloria que conoció, durante su vida, Pierre Jean de Béranger. Poeta popular francés (1780-1857), sus canciones gozaron de una inmensa celebridad. Propagador de la leyenda napoleónica y de un deísmo humanista a la Voltaire, se ganó el respeto y la admiración de grandes escritores como Chateaubriand o Lamartine, y aún de Goethe.

(7) Giuseppe Garibaldi (1807-1882), patriota republicano nacido en Niza que , en su juventud, luchó por la libertad del Uruguay ; y que fue uno de los principales artífices de la unidad política italiana. En 1862, poco antes del comienzo de la redacción de "Mon coeur mis à nu", Garibaldi había tratado, sin éxito, de apoderarse de la Roma pontifical, defendida por entonces por el ejército de Napoléon III, aliado del Papa.

(8)El rechazo de Baudelaire por Bélgica y los belgas, es proverbial. Dos panfletos dan convincente y violento testimonio de aquel odio: "Amoenitates Belgicae" y "Pauvre Belgique!".